El desarrollo de tecnologías BESS avanza en Perú con una combinación de madurez tecnológica, creciente interés industrial y un marco regulatorio aún en construcción, pero el principal desafío no es tecnológico, sino en la definición de reglas claras para su integración al sistema eléctrico. Así expusieron especialistas del sector eléctrico en el panel “Logros alcanzados por los sistemas de almacenamiento y servicios complementarios en la industria eléctrica”, en el marco de PERÚ ENERGÍA Sur Arequipa.
Pablo Morales, de Pluz Soluciones, destacó que el mercado peruano tiene una penetración potencial muy amplia de sistemas de almacenamiento, pero es necesario el reglamento para una expansión masiva —especialmente en actividades industriales y mineras—, en contraste con mercados consolidados como Chile o China.
Pluz ha implementado sistemas BESS de 500 kW en entornos industriales con resultados concretos: ahorros cercanos a los 25 mil dólares anuales y retornos de inversión estimados en cuatro años, resaltando su valía en propósitos de peak shaving, respaldo energético y regulación primaria de frecuencia, servicios que empiezan a constituirse como pilares del modelo de negocio.
Para Nicol Pomalia, de Capo Energy, la tecnología BESS ya es madura, pero el valor real está en cómo integrarla al sistema, por lo que pidió apoyarse en la digitalización, inteligencia artificial y gemelos digitales para optimizar la operación de la misma en funciones de anticipación de la demanda, automatización de respuestas y mejora de la eficiencia económica de los activos.
Sumado a ello, Pomalia remarcó en la necesidad de una estabilidad regulatoria para atraer inversiones no solo en almacenamiento, sino también en infraestructura eléctrica asociada, como líneas de transmisión y subestaciones de transformación.
Bajo la lectura de Pool Suárez, de Ferrenergy, existe una brecha regulatoria que se refleja en la falta de definición completa acerca de agentes, servicios complementarios y mecanismos de valorización; que podrían dejar subutilizado al almacenamiento y por tanto alejar a Perú de modelos referenciales de comprobado éxito como Brasil, España o Estados Unidos.
“El almacenamiento energético ya no es una promesa tecnológica, sino una herramienta operativa en expansión”, concibió Suárez, enfatizando en que el siguiente paso dependerá de la capacidad del país para definir un marco regulatorio que permita liberar todo su potencial.