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“Por mucho potencial petrolero que tengamos, en el subsuelo no vale nada”: expertos abren en canal el sector peruano de los hidrocarburos

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A Carlos Gonzales, director gerente de Enerconsult, le informaron no hace mucho que al Perú estaban llegando ejecutivos de las gigantes petroleras Equinor y Gazprom. Gonzales se alegró: “Qué bueno, vienen al país a explorar por hidrocarburos”, expresó. “No es así, vienen a visitar Machu Picchu”, le respondieron. Esta cruel anécdota contada por el especialista retrata la actual situación de la industria de la nación. Si alguna vez Perú fue atractivo para las inversiones en petróleo y gas natural, parece ser que ese tiempo ya ha pasado.


Todo ha cambiado y en poco tiempo. En 2016, la producción peruana de barriles de petróleo era de 45.000 mensualmente, hoy es menor. Había 435 millones de reservas de barriles probados, hoy restan menos de 300 millones. En los últimos tres años, en el Perú solo se han perforado dos pozos exploratorios. “En Colombia, cuando perforan solo 40, lo catalogan como crisis”, dijo Gonzales, a modo de ejemplificación, en el Perú Energía. “Para encontrar petróleo, hay que buscarlo, y con dos pozos en tres años es imposible”.


La radiografía del sector es aún más terrible. En 2016, el Perú tenía 36 contratos de exploración, hoy solo quedan 6 y todos en fuerza mayor. El potencial petrolero peruano es intuido por muchos expertos, pero las palabras de Gonzales aterrizan a la realidad cualquier irreal expectativa: “Por mucho potencial petrolero que tengamos, en el subsuelo no vale nada, tiene que extraerse”. La industria hace agua por todos lados, y la arista institucional (más de 10 ministros de Energía y Minas en poco más de cinco años) es parte del problema.


A su entender, el mundo se divide entre los países que atraen inversiones y los que no. El Perú es integrante de este segundo grupo.


El diagnóstico de todo lo que está mal y se hace mal es harto conocido y pasa en gran medida por una modernización del marco legal en materia de hidrocarburos. Perú lo intentó hace algunos años, pero los avances, en algún punto, se estancaron, y los mismos problemas de antaño subsisten.


Para Gonzales, es difícil entender la poca reacción de las autoridades del país a los cambios en el mundo. Países como Nicaragua o Cuba, gobernados hace mucho por tendencias de muy de izquierda, ofrecen a los inversionistas petroleros contratos de exploración irresistibles. “Nicaragua, del comandante Daniel Ortega, cobra regalías de 2.5% a las petroleras; Cuba pida 0% de regalía y hasta concede ocho años sin pagar impuesto a la renta; por eso es que en esos países exploran empresas como Equinor o Gazprom”, dijo. “No estamos reaccionando como deberíamos”.


Erick García, exdirector general de Hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas, cree que las autoridades no le han dado el verdadero valor que la energía tiene en cualquier país. “Sin energía no se mueve nada, sin embargo siempre estamos a la cola de todo”, dijo este exfuncionario que reconoce que este sector es incluso más relevante que la minería en el Perú.


La política pública de la energía en nuestro país, sin embargo, dijo, debe tener un panorama claro y urgencias hay muchas: por lo pronto, bajar el consumo del GLP, 33 % e este es importado y reducir la dependencia internacional del diésel y la gasolina, traídos al país desde otros países en gran medida, es una tarea pendiente.


También lo es, dijo, reconocer que nuestro sistema energético no es confiable dado que depende de un ducto que transporta gas y, si este fallara, le veríamos las costuras al sistema energético peruano.
Es un hecho que, en nuestro país, la producción de petróleo declina y la de GLP se ha estancado, mientras que la de gas natural comienza a notar excesos de oferta y además debe lidiar con un nuevo competidor directo: las renovables no convencionales. En tano, la verde Europa ahora recurre a más carbón para paliar los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania entre su población. Frente a este panorama, Gonzalo Tamayo, exministro de Energía y Minas y socio de Macroconsult, solo tiene un consejo: debemos monetizar nuestros recursos cuanto antes.


Con un precio del barril Brent y WTI por encima de los US$90 y con tantas necesidades como país, dijo, “sería lamentable que los hidrocarburos en el Perú se queden en el subsuelo” y no se pongan en valor dado que, en efecto, el mundo se tiñe de verde, pero al 2050, tanto el petróleo como el gas natural serán esenciales aún en la maquinaria global, y convivirán con tecnologías como las baterías y el hidrógeno.
Gonzalo Tamayo además vislumbra un futuro petrolero en el Perú totalmente off-shore, acaso predominantemente off-shore, en aguas someras, quizá algo profundas, por una sencilla y verificable razón: extraer hidrocarburos de la selva peruana se ha tornado muy complejo pues el Oleoducto Norperuano funciona poco o nada, el Estado es un ente ausente allí y los conflictos sociales ahuyentan las inversiones.


En varias ocasiones se ha descrito al sector de los hidrocarburos en el Perú como un paciente catatónico, enfermo terminal, conectado a un respirador artificial, aferrado a la vida. María Julia Aybar, presidenta del Sectorial de Hidrocarburos de la SNMPE, el gremio más importante de empresas del rubro de los hidrocarburos en el país, admite que esta imagen es un reflejo de la realidad. Pero matiza que es un enfermo terminal que puede recuperar su brío si se incentivan las inversiones.


María Julia Aybar tampoco se engaña a sí misma pues nota que las autoridades gubernamentales poco o nada han hecho por reavivar la industria: hay contratos suspendidos, otros están por expirar y no se ha firmado ningún contrato nuevo con nadie, y mientras la producción cae, la demanda aumenta. “El Gobierno tiene otras ideas [con respecto a los hidrocarburos] y está bien, pero al menos definan esas otras alternativas”, dijo, a modo de traducción de lo que exigen los privados: predictibilidad, un plan, un derrotero. Y mientras dice esto, Perupetro, la agencia promotora de la inversión de petróleo y gas natural en el país, sigue descabezada, sin presidente, con solo tres directores de cinco.