ARPEL y una firme postura: «El petróleo y el gas seguirán jugando un rol clave en las matrices energéticas»

En un contexto marcado por la urgencia climática y las crecientes demandas de energía, Pablo Ferragut, director gerente de la Asociación Regional de Empresas de Petróleo, Gas y Energías Renovables de América Latina y el Caribe (ARPEL), propone una mirada pragmática sobre la transición energética. En esta entrevista, analiza el rol que seguirán desempeñando el petróleo, el gas natural y, en particular, el gas como energía de transición en la región. Ferragut reflexiona sobre planificación de largo plazo, integración regional, acceso a la energía y sostenibilidad, y plantea la necesidad de enfoques realistas que articulen desarrollo económico, seguridad energética y reducción de impactos ambientales.

Desde ARPEL se plantea la importancia de avanzar hacia una industria energética más sostenible, manteniendo a la vez el rol del petróleo y el gas. ¿Cómo se articula esta visión dentro de la asociación?

La clave está en entender que no hay realmente una contradicción. El rol del petróleo y el gas viene y vendrá dado por las necesidades energéticas de los países y por seguir mejorando la calidad de vida de las personas. Por lo tanto, lo que se busca desde Arpel es precisamente apoyar a la industria a reducir y gestionar sus impactos, bajo el entendido de que el petróleo y el gas seguirán jugando un rol clave en las matrices energéticas.

Arpel tiene una visión muy pragmática sobre este asunto y sobre la finalidad de contribuir en la transformación de las empresas y los sistemas energéticos.

Usted ha señalado que los hidrocarburos seguirán siendo clave en la transición energética. ¿Qué condiciones deberían cumplirse para que ese rol sea efectivamente transitorio y no represente una prolongación del modelo actual?

En pocas palabras, cuando existan otras tecnologías que logren satisfacer de mejor manera los usos energéticos. Esto implica que dichas tecnologías sean eficaces, escalables, que sus cadenas de valor sean confiables, que sean aceptadas socialmente y que logren una ecuación económica, de riesgo y rentabilidad, que sea razonable para los inversores, entre otros múltiples factores.

Cuando uno mira la historia de las transiciones energéticas, ve que los hidrocarburos han sido dominantes en ciertos usos en que ya no lo son, como por ejemplo en alumbrado público o en determinadas industrias en que fueron desplazados por la electricidad; mientras que en otros usos no eran dominantes, como el transporte a principios del siglo XX, en el que hoy es absolutamente dominante desde hace casi un siglo, además de haber generado nuevas posibilidades y demandas como el transporte aéreo.

Dicho lo anterior, el sistema energético global tiene necesariamente una gran inercia y su transformación llevará décadas, más allá de los esfuerzos que se realizan a nivel global para acelerar la transición. Podríamos decir que todo es relativamente transitorio, que se debe avanzar de manera pragmática y que como Arpel estamos apoyando a las empresas del sector a reducir los impactos de sus operaciones, para contribuir así con la reducción de emisiones en un mundo que va a seguir demandando hidrocarburos de forma consistente y por muchas décadas.

Desde su experiencia regional, ¿qué lecciones concretas dejan otros países en el uso del gas natural como energía de transición, y qué errores considera que América Latina debería evitar?

Sobre este punto quisiera mencionar que Arpel está trabajando en la elaboración de un documento, denominado Libro Blanco, que sintetiza las principales oportunidades para el desarrollo del gas natural en la región, así como también los desafíos y lecciones aprendidas de diversas experiencias de distintos países de América. Lo estamos elaborando junto a la International Gas Union (IGU), la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) y un amplio grupo de expertos del sector, de toda la región. El documento se publicará en el primer semestre de este año.

Cuando uno mira las experiencias exitosas en la región, un punto clave siempre ha sido tener una mirada integrada y de largo plazo sobre el rol del gas natural en la matriz energética y económica del país. Adicionalmente a lo anterior, creo que brindar un marco de actuación estable, que facilite el desarrollo de grandes inversiones, es fundamental para atraer los capitales necesarios que permitan aprovechar los recursos energéticos.

Otro aspecto es avanzar en una mayor integración regional, tanto en el Cono Sur como en zonas donde ya existe gran parte de la infraestructura de interconexión necesaria, así como en zonas en que el nuevo mapa de recursos comienza a abrir oportunidades, ya que esto permite ser más eficiente y lograr una mayor seguridad energética.

En el caso del Perú, se plantea al gas natural como una oportunidad estratégica, especialmente en el sur del país. ¿Cómo se equilibra esa apuesta con los compromisos climáticos y el riesgo de inversiones de largo plazo en infraestructura fósil?

Creo que siempre que se analizan oportunidades de transición energética, se debe pensar en cuáles son las alternativas disponibles a corto, mediano y largo plazo. En este sentido, se puede decir que Perú es un caso de éxito, porque, debido al desarrollo del gas natural en Camisea, en los últimos 20 años ha logrado incrementar su PIB, sus exportaciones, generar puestos de trabajo, pero además reducir importaciones de petróleo y derivados y, consecuentemente, las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes. Cabe preguntarse qué hubiera sido de Perú sin el desarrollo del gas natural. Hay estudios muy elocuentes en este sentido y que son de dominio público.

El gas natural sigue siendo una oportunidad estratégica para Perú porque permitiría seguir en este camino de brindar seguridad energética, sostener un sistema eléctrico equilibrado y fomentar el desarrollo económico.

No creería que en los tiempos de amortización de ciertas infraestructuras fósiles podamos hablar aún de activos varados, debido al grado de madurez de las tecnologías alternativas. De todas formas, creo que en el desarrollo de infraestructuras la flexibilidad y adaptabilidad son dos atributos cada vez más relevantes.

ARPEL tiene un papel relevante en el diálogo entre empresas y gobiernos. ¿Cuál es hoy su nivel de incidencia en las políticas públicas energéticas de la región y cómo se garantiza la transparencia de ese vínculo?

Arpel facilita espacios de diálogo para lograr un mayor entendimiento entre empresas, gobiernos y otras partes interesadas, y contribuye positivamente generando documentos públicos que recopilan la mejor práctica internacional y regional sobre las diferentes temáticas que se abordan.

Desde este punto de vista, son varios los ejemplos que podemos citar de nuestro trabajo. El primero y más relevante es la organización de la Conferencia Arpel, la cual se celebra cada dos años y cuya octava edición se realizará entre el 1 y el 4 de junio de 2026, en Buenos Aires. Dicho evento es un espacio de discusión de alto nivel en el que participan los CEOs de las empresas del sector de toda la región, jerarcas y funcionarios de gobiernos y organismos internacionales, en el que se discuten los temas estratégicos del sector energético en la región y es un espacio de relacionamiento.

En la misma línea, organizamos diversos eventos de diálogo e intercambio técnico sobre distintas temáticas. Un ejemplo para destacar, entre varias actividades que hemos organizado con este espíritu, son los eventos de intercambio entre industria y gobiernos sobre el desarrollo de hidrocarburos no convencionales que hemos coorganizado en Argentina. En dichas instancias participaron expertos de Colombia y Brasil, y además se incluyeron visitas a campo en el yacimiento de Vaca Muerta, contribuyendo a la creación de capacidades sobre la temática.

Por otra parte, también participamos en los eventos más relevantes del sector energético en la región, aportando nuestra mirada desde el sector de los hidrocarburos y contribuyendo positivamente al diálogo internacional sobre las diferentes temáticas.

Otro de nuestros roles es la generación de conocimiento sobre distintos temas de relevancia para el sector. En este sentido, en los últimos años hemos desarrollado diversos documentos sobre transición energética, cambio climático, gas natural, gestión de emisiones de metano, no convencionales o sostenibilidad, así como también documentos más técnicos sobre prevención y respuesta ante derrames de hidrocarburos, gestión de la integridad de instalaciones y seguridad de procesos, entre otros, que recopilan la experiencia y las mejores prácticas de nuestros asociados, que son las principales empresas del sector en la región. Todos los documentos se pueden consultar y descargar de nuestra página web.

En suma, digamos que el rol de ARPEL es generar espacios de intercambio, producir y socializar conocimiento especializado de base científica, pero no el de influir o condicionar la política pública de ningún país.

Pese al potencial energético de América Latina, persisten brechas importantes de acceso y asequibilidad. ¿Qué responsabilidad tiene el sector que usted representa en que la riqueza energética no se haya traducido plenamente en desarrollo social?

Es necesario reconocer que persisten brechas, pero que también se han logrado grandes avances en las últimas décadas. El acceso a la electricidad en la región rondaba el 80% hace 3 décadas y hoy se encuentra alrededor del 98%, con brechas en algunos países y, fundamentalmente, en las zonas rurales con población dispersa y de bajos recursos.

Los motivos por los cuales no se han logrado cerrar estas brechas son múltiples y su resolución excede largamente a las empresas del sector energético. Entiendo que en esta temática se debe trabajar en conjunto entre sector público y sector privado, con el liderazgo estatal y el impulso de las empresas para desarrollar los recursos energéticos y que eso se traduzca en mejorar la calidad de vida de las personas.

Respecto al futuro de las reservas de gas natural en el Perú y la región, ¿cree que los países están tomando decisiones estratégicas de largo plazo o respondiendo principalmente a urgencias coyunturales del mercado?

En la industria de petróleo, gas y energía se requiere planificación de largo plazo para aprovechar las oportunidades y lograr un abastecimiento energético seguro, confiable y asequible, que permita el desarrollo de los sectores productivos y de las personas. La evidencia muestra que el desarrollo no es posible sin energía.

Por otra parte, las inversiones en el sector, que son fundamentalmente de exploración, producción e infraestructura, requieren condiciones adecuadas, seguridad jurídica, regulación acorde y lograr una rentabilidad razonable que remunere el riesgo. Todo lo anterior requiere un marco que facilite la inversión y acuerdos estratégicos que brinden estabilidad al proceso.

Diría que, en general, los países de América Latina y el Caribe tienen espacio para mejorar en lo que refiere a planificación de largo plazo, lo cual redundaría en una mayor atracción de inversiones para el aprovechamiento de los recursos energéticos. En este sentido, cabe mencionar que hay casos de éxito muy interesantes en la región, entre los que destacaría a Brasil o Uruguay.

Mirando hacia adelante, ¿qué indicadores permitirían evaluar si la transición energética en América Latina —tal como hoy se plantea— está siendo exitosa o si requiere un cambio de enfoque más profundo?

La transición energética implica transformaciones sistémicas. Ningún país o región se encuentra aislado en esta problemática, ya que existen diversas interdependencias a todos los niveles. Por lo tanto, se requiere una mirada holística de la problemática. El desarrollo social, la seguridad energética, el acceso, la asequibilidad o el impacto del desarrollo de los recursos energéticos en el trabajo, la innovación, los ingresos fiscales y, consecuentemente, las capacidades de gasto social siempre estarán entrelazados.

Dicho esto, debemos reconocer que medir el éxito o no de la transición resulta tremendamente complejo, pero creo que la clave está en promover enfoques que nos permitan superar visiones reduccionistas y que consideren las especificidades de cada país, reflejando la complejidad del proceso.